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jueves, 11 de mayo de 2017

Una del norte

Desde que volví hace ya unos cuantos meses a latitudes más meridionales que las que me vieron crecer, apenas comparto retazos de mis años allí. Alguien me dijo hace poco: "¡ya no te acuerdas del norte!". No le llamé ignorante por no parecer soez. Por supuesto que me acuerdo de mis montañas del norte. A cada amanecer, a cada jornada, y a cada vez que me acuesto. Cada día, recuerdo mis peñas, mis brañas y mis vallejas.
No obstante, ahora estamos aquí, felices, y centrados en el monte mediterráneo, lo cual es todo un lujo.
No obstante allá va esta...¡una del norte!

lunes, 17 de abril de 2017

Muestro heterodoxo de anfibios

Salidas nocturnas en días lluviosos, búsqueda con linternas en zonas húmedas, puntos de escucha, búsqueda de puestas para su identificación. Hay varios métodos de muestreo para determinar qué especies de anfibios hay en una determinada zona. La aplicada el otro día, fruto, por supuesto, del azar, era nueva para mí.
Sentarse escondido en la ribera del río, y esperar a que un martín pescador te diga lo que hay en su río. Estoy allí sentado con un amigo. La banda sonora de fondo es la tenue corriente del río. Los artistas que más o menos de contínuo reclaman son un buitrón en torno a la zona de juncos, y una familia de tarabillas de deambulan por los alrededores del nido. Los hijos con cortos vuelos, y los padres indicándoles por donde deben y por donde no deben ir. De vez en cuando una lavandera blanca, cada poco tiempo el sonoro paso de los primeros bandos abejarucos, y de repende, se escucha tomar la última curva del río al camicace azul, que por suerte, las tomas todas pitando. -"Piii piiii piiii".- Tan sólo 3 segundos después...¡zasca! Posado enfrente de nuestro aguardo, presumiendo de percha...¡y de cuerpo!
Sin pausa, mira hacia abajo una vez, otra, y muchas más, pero sólo algunas, se lanza al agua. En nuestros últimos intentos por sacarle fotos, por tres veces apareció con renacuajos. Unas imponentes larvas de Pelobates cultripes (Sapo de espuelas), que saca uno tras otro de un remanso del río Alburrel. Todo esto (y más) en la Reserva Fotográfica de El Millarón.


martes, 11 de abril de 2017

Rastros comadreja

O quizás no, quien sabe...
El caso es que hoy campeando por la Sierra de San Pedro (Extremadura), encontré un rastro de esos que pocas veces se encuentran. Eran los excrementos minúsculos de un carnívoro. Alargados, con restos de otros mamíferos, y de un diámetro máximo de 5 mm, pero siendo más habitual el de 4 mm.
Pensar en garduña, gineta, meloncillo, e incluso en el más próximo turón, hacen irremediable imaginárselos con el culo demasiado apretado.
No obstante en este campo recomiendo ser cauto, porque la vida en el campo me ha dado muchas sorpresas mostrándome casos que de no haberlos visto en directo, no me los creería.

miércoles, 5 de abril de 2017

Cantábrico

Por fin llegó el momento, y nuestra casa, se plasmó en la gran pantalla.
"Cantábrico" es el título que han dado a una película documental que versa sobre varios aspectos del día a día en la Cordillera y Cornisa Cantábrica. La vida del oso pardo, las cacerías de lobos, la reproducción de los salmones o la vida en las escarpadas cumbres de los rebecos, entre otros ejemplos, son plasmadas con gran acierto por este equipazo. Dos años de rodaje en menos de dos horas de proyección. Una selección de lo mejor que consiguieron, una síntesis, y por lo que se ve, un éxito. Enhorabuena no sólo al equipo de filmación, si no a todos los profesionales y compañeros de afición y profesión que han aportado su granito de arena para que ahora todos, podamos disfrutar de esto.
A quien no haya ido aún a verla y le guste la naturaleza, le recomiendo que lo haga antes de que la quiten de los cines, porque van a encontrar poco tan impactante sobre nuestra fauna.
Acompaño con una fotografía de gato montés que saco de archivo. Un archivo jpg de poca calidad, pero que me transmite mucho por todos los recuerdos de lo vivido en este escenario, la Cordillera Cantábrica.

martes, 14 de marzo de 2017

Quisiera ser...

Hace de esto más de medio siglo. La mayoría no habíamos nacido, y en la farándula cogía protagonismo la reina de la sierra. Una famosa canción decía: "quisiera ser un águila real para poder volar cerca del sol".
Protagonista de fiestas en salas de baile, pero de críminales desenlaces en su propio hogar. Eran años, en los que era perseguida de manera infame. Tiempos negros para los animales a los que la naturaleza había creado para matar. Cepos, trampas, venenos, munición e ignorancia, fueron componentes de la fatídica receta. Sólo un movimiento social liderado por el especialmente hoy 14 de marzo renombrado Félix Rodríguez de la Fuente, impusieron un punto de inflexión en la trayectoria generalizada de destrucción de las poblaciones de animales carnívoros. Aquella lacra nunca desapareció. Sin embargo, sólo mentes residuales siguen manteniendo aquellas malas costumbres.
Así, las poblaciones de muchas especies se han recuperado en las últimas décadas. Entre ellas las de las grandes águilas, que en casos concretos, rondaron el punto de no retorno hacia la extinción.

Estamos en la Sierra de San Pedro, y a media mañana, una dehesa extremeña es sobrevolada por un macho de águila real. Busca algo que atrapar para ganarse el orgullo de una hembra que lleva dos semanas echada sobre una enriscada plataforma de ramas. Si todo va bien, y avanzada la primavera, un príncipe, dos quizás, se lanzarán al vacío para intentar afrontar la aventura de la vida. Hoy el objetivo es tener a esta bestia a escasos metros para poderla fotografiar. Sin embargo la pasión, infantil, perenne, y eterna, consienten que unos lejanos vuelos sean motivo suficiente para la satisfación. Ver las evoluciones de un ave salvaje con semejante entidad, hacen a cualquier enardecido naturalista emocionarse y hacerle sentir que estos momentos, todo lo compensan.
Al fondo, el pueblo de Castelo Branco (Portugal), cuya población supera los 30.000 habitantes.

viernes, 17 de febrero de 2017

Especies comunes: el arte de disfrutar más a menudo.

Llama la atención la manera de sobrevalorar unas cosas e infravalorar otras que tiene la gente en esta vida. Gente que le gusta la naturaleza, le gusta la fotografía, y es capaz de disfrutar con la fotografía de una cigüeña negra, pero de no hacerlo con la de una cigüeña blanca. Que disfrutan, como es lógico, frente a un águila real, pero que no es capaz de dejarse sorprender por un gorrión común.
Estoy seguro que hay muchos más fotógrafos aficionados con fotos buenas de águilas que con fotos buenas del simpático gorrión (ojo, porque me incluyo). A veces, puede parecer recomendable para la salud aprender a disfrutar de lo común. Olvidarse del pájaro dodó, y alucinar desde el balcón de casa intentando pillar al vuelo al avión común. ¿Alguien ha probado? No me digáis que no es toda una experiencia.
Ayer una amiga me relataba emocionada su satisfactoria experiencia disfrutando de las evoluciones de un gran bando de estorninos sobre la Bahía de Santander al atardecer. Del caer de la tarde, y de cómo un halcón peregrino ponía todo su empeño por atrapar uno sólo de los miles de estorninos que alegraban sus retinas. Comparto su fervor, porque donde vivía antes, entre avetoros, bigotudos y flamencos, uno de mis mayores placeres era ver tanto la despertada, como la dormida de los 30.000 estorninos, que allí, junto a mi cama, daban un espectáculo de gran nivel dos veces al día.

Y todo esto para justificar que hoy, me apetece compartir una foto de cormorán grande. Poco valorado por un sector, odiado por otro. El otro día, me hizo pasar unos minutos muy entretenidos intentando congelar lo imposible. Disparando a velocidad 1/125 intentando aplicar a mi objetivo una velocidad angular igual a la que lleva el ave en vuelo con respecto a mi posición. El objetivo es sacar con definición la cabeza y borroso todo el fondo. Un barrido que se dice. El resultado no es exactamente lo que buscaba, pero para mí, es recuerdo de un momento muy divertido y en muy buena compañía.

miércoles, 1 de febrero de 2017

Invierno 2015, Cantabria: "La nevaona"

En pleno invierno estamos, y Cantabria arde de nuevo por el interés de una gran minoría. Desde la distancia, lo leo con tristeza y resignación...y mi memoria, viaja sobre la imaginación.
Me parece harto curioso lo caprichosa que se vuelve la naturaleza con esto de la climatología...Y es que si entra una borrasca por Oporto está la tierruca a 20 grados en pleno invierno envuelta en llamas, y si la misma borrasca viene de Londres, en mismas fechas, apenas se pasan de los 0 grados y lo que otros años son infernales llamas, entonces son gélidas nieves.
Y es en ese viaje de los recuerdos, donde caigo que ahora, justo ahora, hace dos años de aquella gran nevadona. Tenía el lujo de vivir en un pueblo de montaña de la Liébana. Un sitio precioso, y hostil por su topografía al mundo moderno, con las ventajas sensoriales que ello conlleva...
Y he tenido que borrar un párrafo piropeando aquello. Los dedos se me disparan sobre el teclado, y he pensado que no procede en esta entrada... Es el paraíso, y no hay más enredos necesarios en su descripción.
El caso es que en enero de 2015 vinieron varios frentes con nevadas que pintaban las cumbres cántabras de blanco, pero fue a finales de mes, cuando se nos vino encima lo gordo. Si las anotaciones no fallan, fue el último día de enero cuando comenzo la interminable. Mi casa estaba a 900/1000 m snm, y las anotaciones de espesores medios que intentaba tomar con cierto rigor a la puerta de casa, versan como sigue:
31/1/15: Comienza a nevar fuerte por la noche. A las 14:30 tenemos 16 cm de nieve, 19 a las 16:40 y ojito...porque ya son 26 cm a las 19:35.
1/2/15: ha seguido nevando, aunque no se ha acumulado más. A las 4 de la tarde hay 30 cm.
2/2/15: sigue nevando, pero hace un poquito menos de frío, y no se acumula más espesor.
3/2/15: a las 17:35 hay 32 cm acumulados, a las 19:09 40 cm, y a las 20:54 son 47 cm.
4/2/15: Sigue nevando intensamente y hay que destacar que a las 9 de la mañana ya hay 80 cm de espesor medio.
5/2/15: Sigue nevando a buen ritmo, pero pese a ello no aumenta en demasía el espesor. Entiendo que debido a la compactación de la nieve. Es decir, sobre una superficie limpia a lo mejor caen 30 cm, pero sobre los 80 que había ayer, no suman 1.10, si no que se queda en espesores similares, aunque más compactados.
6/2/15: Último apretón de la nevada y se puede decir que afloja la misma. El espesor medio que se alcanza es de 110 cm!!! Obviamente, contra paredes, y acumulado por el viento, es fácil encontrar dentro del pueblo zonas con más de metro y medio de nieve. De hecho se oye a no poca gente hablar de espesores de metro y medio.
Impresionante pasillo entre la casa de unos vecinos y la cuadra donde han de atender a sus vacas:

Asimismo, dispongo de datos no propios pero si oficiales que hablan de las siguientes cifras:
Terán de Cabuérniga: 22 cm.
Reinosa: 85 cm.
Caloca: 150 cm.
Fuente De: 170 cm.
Pico Valdecebollas (1910 m de altitud en el norte de Palencia): 377 cm el día 7 de febrero.
 Acabada la borrasca, celebro encontrar mi coche en la carretera donde tuve que dejarlo 8 días antes (foto de Mikel Hurtado):

Para curiosos, anotar que la mayor nevada registrada para estas zonas es la "Nevada de los 3 ochos", llamada así porque aconteció en 1888. Un documento histórico digno de leer, donde habla de espesores de 2/3 m donde yo hablo de 1,10 para la del 2015. Todo ello, acompañado de las desgracias que ello provocó. Y cobra sentido entonces la frase que aquel purriegu ensalzaba en su día: "la nieve es negra aunque no la quieran ver así".

martes, 17 de enero de 2017

Celo imperial

Sin darnos cuenta, los primeros de los 365 días del año han pasado. Cada sol que se pone, un día que hemos tachado. Y cuando no queramos dar cuenta, tenemos la primavera contaminando cada rincón de nuestros campos. Y para que en primavera haya besitos y retoños, en invierno ha de haber delimitación de territorio en el áspero mundo de las águilas. Los días anticiclónicos, que aunque dentro del invierno, dejan ver sus tintes primaverales, son los más propicios para tal menester. Porteo de ramas por parte del águila imperial ibérica (Aquila adalberti) a su nido, que con ilusión está acondicionando. Entre viaje y viaje, ataques a otras aves que le pillan de camino. En el caso de la foto, un buitre negro (Aegypius monachus) estaba en el suelo a media ladera reposando, y una enfurecida imperial se deja caer del cielo sobre él con las armas preparadas. No hablo "águila", pero creo que decía "estás a 200 m de mi futuro nido, y tu presencia en esta ladera no me gusta del todo".

Del gran carroñero de casi tres metros de envergadura, no hay ni 2.000 parejas reproductoras en toda Europa. De la fiera águila, apenas se superan las 500 a nivel mundial. Y yo, como si me hubiera tocado el gordo, estoy en la ladera de enfrente disfrutando con semejante espectáculo. Me siento afortunado porque desde bien niño he soñado con vivir momentos como este, que por aquel entonces sólo parecían al alcance de productores de documentales. A día de hoy, puedo decir que disfruto a diario con fauna de este calibre. ¿Quién me lo iba a decir a mí? No sé el qué, pero entre todos mis errores, desde que cogía aquellos primeros tritones palmeados en el arroyo de mi barrio con mi mejor amigo, tanto él como yo, creo que algo hemos hecho bien para estar como estamos ahora. ¿Es o no es colega?
Sin embargo, la misma inquietud de siempre...Cuando tenía 9 años, si veía un ratonero desde nuestro SEAT Málaga no era feliz del todo hasta que no conseguía que lo vieran mis padres. El protagonista de una gran película puso en un cuaderno de campo en su idioma lo que venía a querer decir, que la felicidad sólo es real cuando es compartida. Y desde la soledad del monte,¿qué mejor herramienta para compartir que este blog?
Hoy hablando con una amiga, me transmitía que ahora lleva una vida que la hace muy feliz, pero que una realidad es que no tiene tiempo para salir al campo. Cuando ve fotos y lee aventuras en blogs o libros la hace sentir un poco metida en la piel del que corre la aventura, y de alguna manera, suple esa carencia. Me pidió por favor que no dejara de escribir en mi blog. Creo que basta con que arranque una sonrisa para que un escrito tenga sentido. Va esta aventura y foto para esta amiga, y sólo espero que siga manteniendo ese entusiasmo, y que pronto se lo empiece a transmitir al ahora pequeño Pablo.

lunes, 16 de enero de 2017

Mono de grulla

La pasada temporada tuve una experiencia inolvidable. Cada noche me encamaba al borde de una laguna manchega donde invernaron del orden de 2000/2500 grullas (Grus grus). Todas las tardes entre octubre y febrero, lejanos "grús-grús" aumentaban de volumen a medida que las difuminadas líneas de grullas se acercaban para acabar sobrevolándome a la par que dejaban caer patas y cuello para perder altura y terminar posándose en el fango cubierto por una lámina de 15 cm de agua. Allí podían dormir tranquilas. Si cualquier posible depredador nocturno intentaba acercarse, el ruido del chapoteo del agua las avisaría con antelación suficiente para huir. Lo podéis recordar aquí.
Pero ahora cambié de habitación. Encamo al pié de la Sierra de San Pedro. Y en este paraje, aunque no están lejanas, noescucho grulla alguna. Pasaron las semanas desde que me enterara de que ya andaban por la península, y casualidad o no, aún no había oído ni un simple "grú".
Había que ponerle remedio, y comenzado el año quedé para ir bien acompañado a ver miles de grullas. Estuve haciendo algún video de mala calidad de sus comportamientos. Ayer por contra, mi objetivo no eran las grullas, pero Extremadura, es ese sitio donde cualquier rincón es bueno para ver cualquier bicho. Y si pocos kilómetros antes veíamos las evoluciones de un águila imperial ibérica acondicionando su nido, en el atardecer, disfrutamos de la recogida de las grullas. Un par de ellas, se acercaron algo más que el resto con el sol ya bajito. Os dejo un instante de un gran día con la Asociación Fotográfica Photones, a quien agradezco la confortable compañía.

miércoles, 4 de enero de 2017

¡Ya llegó! ¡Ya éstá aquí!

La berrea por latitudes extremeñas estaba bastante avanzada a finales de verano. Volvía ya a casa, y avanzada la mañana, calentaba el sol . Suena mi móvil. Es un email de Tundra Ediciones en el que se dirigían a mí para proponerme la participación en la elaboración de un libro.
Querían recopilar relatos de gente que hubiera tenido encuentros interesantes con lobos. Juntarían todos ellos, y harían un libro. "Encuentro con lobos" se llamaría. Sonaba bien. Corta reflexión, e inmediata contestación: ¿por qué no?
Cuando me he querido dar cuenta, tras sólo 4 meses, el libro está en mis manos. Se plasman las observaciones de 38 personas escogidas para tal fin. Es un orgullo compartir coautoría tanto con gente de mucho presitigio como Joaquín Araujo, como compartirla con buenos amigos que están firmando ahí alguno de los más emocionantes momentos de sus vidas. Compartir la experiencia con ellos, le da mucho más valor para mí a la experiencia de participar en esta obra.
Aturdido y con la vergüenza perdida (hace tiempo), me muestro ante la espectacular portada de Lluis Sogorb. Los interesados podéis conseguir el libro aquí.