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sábado, 29 de noviembre de 2014

Día de cabaña

-¿Mañana qué haces?
-¿Mañana? ¿No has visto el tiempo? ¡Mañana toca día de cabaña!
No sé cómo de extendida está dicha expresión. Al menos en Cantabria, se llama día de cabaña a esa jornada en la que las lluvias, nieves o vientos no cesan. De no ser que no tengas que salir por algún motivo, vale más encender el fuego, desayunar bien, ver una película al que le gusten, leer el que sepa, trabajar fotos en el ordenador, etc. Vamos, estar caliente y seco.
Si se te ocurre salir no sólo corres el riesgo de enfermar, sino que puedes dar por seguru que en boca de alguien podrás escuchar "¡esti esta locu hombre!" (como si a mí hubiese importado eso en alguna ocasión...).
Pues bien, en esas estamos. Día de cabaña sin dar que hablar. Una pequeña tregua en las lluvias coincidiendo en un momento en que las nieblas se disiparon un poco, me han permitido hacer esta foto con el calor del fuego calentándome la espalda.
Fuente información meteorológica: www.eltiempo.es

viernes, 28 de noviembre de 2014

Otra de salmones

En este periplo ripícola que me ha llevado a bajar varios días al río en busca de escenas impactantes de la remonta del salmón atlántico Salmo salar, he disfrutado como hacía tiempo que no lo hacía en el campo. Ha sido para mí un descubrimiento, que sabía que estaba ahí, pero que no sabía como disfrutarlo. Afortunadamente, nuestros ríos aún tienen salmones, y podemos disfrutarlos con la simple observación en una lección sorprendente sobre la lucha por la vida.
Ejemplar de salmón en un nuevo fracaso en su afán por remontar el maldito salto.

Saben que si ponen los huevos en las zonas bajas de los ríos, las probabilidades de que estas se pierdan son mayores que si lo hacen algo más arriba. De esta manera el salmón lucha por subir pese a los muchos obstáculos, tanto naturales como artificiales. Ahora están atrapados en un pozo del que no pueden seguir por no poder salvar la cascada de 2 metros de altura, pero probablemente con las lluvias que se preveen para este fin de semana, la crecida sea suficiente como para que por fin consigan seguir su viaje.
En el vídeo que os pongo a continuación, tenéis tanto reos como salmones. El reo, es la trucha común que en lugar de quedarse a vivir en el río, decide irse a la mar para crecer más que sus hermanos. Es una estrategia similar a la del salmón, y aprovechan también esta época para remontar. En este vídeo se distinguen bien por la diferencia de tamaño. En el último de los saltos, si os fijáis, saltan a la par un salmón y un reo.


martes, 25 de noviembre de 2014

Topless desde mi ventana

Eso es lo que me encontré esta mañana.
Este otoño, ha venido retrasado por la prórroga concedida al verano. Fruto de ello, pasó septiembre, pasó octubre, y las hojas de los árboles apenas dejaron notar el cambio oficial a la estación del ocre. Fue en el cambio entre octubre y noviembre cuando descendieron las temperaturas a valores normales, llegando a un pico el 4/5 de noviembre en que la cota de nieve bajó hasta los 1000 metros. A partir de esa fecha, el color de las hojas comenzó a tornar al ocre, para que los hayedos del piso montano alcanzase su máxima belleza cromática el día 21/11/14 (opinión personal, claro). A partir de ese día, las hojas han pasado de los colores amarillos a los marrones, comenzado poco a poco a caer. Los dos últimos días ha llovido con intensidad en ciertos momentos. Ello ha provocado que la gran mayoría de hojas por encima de la cota 1200 haya ido al suelo. Así, es como esta mañana ha aparecido la Peña Giniestra. Desnuda de medio arriba. Fijaros el color que tenía el monte (no es el mismo pero tendrá aspecto similar) hace 6 días, y comparadlo con el de hoy.
Fijaros en la franja de abajo, el robledal que entonces estaba más verde, está amarillo ahora. La franja del centro, es la parte baja del hayedo, con hoja aún, pero ya sin colores tan llamativos. En la franja superior, la parte de arriba del jayeu.

lunes, 24 de noviembre de 2014

El salmón atlántico

Picar con el cursor para ver más grande.

Salmo salar es un pez de nuestra fauna, al menos de momento. Es una joya. Una especie en regresión, limitada entre otras muchas cosas por la temperatura del agua de los ríos, las barreras arquitectónicas (presas), y por qué no, por la pesca legal. Hace algún siglo estaba incluso en el Tajo, pero actualmente sólo se encuentra desde la cuenca del Miño hacia el norte y los ríos cantábricos.
Es muy curiosa su biología. Acabando el invierno, nacen en graveras fluviales de los tramos altos y medios con menos de 2 centímetros de talla. Pasan 1 ó 2 años en el río, para emigrar con más de 15 cm hacia el mar. Se dirigen al Atlántico norte (Islas Feroe, Islandia, Mar de Labrador, etc). Recorren en ocasiones distancias superiores a los 5000 kilómetros. Allí suelen pasar un par de inviernos, a veces tres, más raramente sólo uno, y excepcionalmente más de 3. Dependiendo de los inviernos marinos que cargen a sus espaldas, volverán con una talla u otra, generalmente a sus ríos de nacimiento. Lo normal es que sean peces de 2 inviernos en el mar con una talla de unos 80 cm de longitud. Más longevos, superan fácilmente los 90 cm.
Acabando el invierno, se aproximan hasta nuestras costas para enfilarse con la desembocadura del río que reconquistarán. En la zona salobre pueden estar unos días hasta que se readaptan al agua dulce. En este periodo y en sus primeros días en el río tras la aventura transoceánica, sufrirán algunos cambios morfológicos. Además, y salvo los primeros días en los que se podrán mostrar voraces, harán un ayuno de varios meses mientras sigan en el río. Remontarán hasta encontrar grandes pozos en los que pasarán el caluroso estío.
Acabará el verano, y con las fuertes crecidas que han de acontecer allá por noviembre y diciembre, aprovecharán para superar los obstáculos que con menos agua no podían. Se aproximan así a las zonas con más pendiente, donde va a tener lugar la freza empezado el invierno. Tras la puesta, los adultos se dejarán llevar por la fuerza del río hasta el mar. Desnutridos, agotados...muy pocos serán los que consigan hacer una segunda migración por los grandes mares atlánticos. La inmensa mayoría, morirá.
El otro día, por primera vez en mi vida, intenté ver a esta reliquia de la fauna cantábrica. Todo un espectáculo que recomiendo a mis semejantes. No sólo disfrutarlo, sino que incluso pude sacar alguna foto testimonial como la que os coloqué arriba.