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miércoles, 7 de marzo de 2018

Homenaje

Son las 4 de la tarde y me meto en mi aguardo ribereño. Lo único que veo es una buena llena (así se llama en Cantabria al río que baja crecido). Había mucha sequía en Extremadura, y hacía falta esto ya (esto y más). Son días tristes, pero el campo me levanta el ánimo como siempre lo ha hecho.
Un galápago merodea la superficie contento de tener por fin una gran piscina, y una lavandera blanca agita su cola de arriba abajo. Quiero imaginar que los perros mueven el rabo de izquierda a derecha, y que las lavanderas lo hacen así. Está contenta pues. La primavera viaja en vuelo regular, y aparentemente no llevará retraso. Las últimas lluvias nos dicen que está a punto, y que en cuanto paren y temple, aterriza en la Sierra de San Pedro como mandan los cánones. Los pájaros lo saben, y cogen ya sus posiciones. Una tarabilla canta en esa rama prominente, la pareja de lavanderas inspeccionan la ribera donde criar, cinco vencejos llegan hoy, y de repente, un pitido agudo se aproxima a mi posición. Es la hembra de martín pescador con la que trabajé ya el año pasado. Fiel a su posadero, me da un nuevo espectáculo pescando dos pececillos en aguas turbias en las que de verdad, parece imposible ejecutar tal acción. Es sobrecogedor poder disfrutar estas escenas de documental a escasa distancia. Sin embargo, en esta vida, siempre hay algo que puede hacer pequeña cualquier situación anterior. Otro pitido llega de la misma zona, y "mi" hembra sale despavorida a su encuentro. se trata de otra hembra de martín pescador. Se posan una de la otra separadas por 20 cm de distancia en una rama bajita . Actitud desafiante. Se posan no enfrentadas si no de lado, con la cola extendida, el cuerpo erguido, el pico entreabierto, y dejando respirar mucha tensión en el ambiente. Periódicamente, ambas a la vez, como si un espejo estuviera actuando, agachan la cabeza y la vuelven a subir despacio a la vez que la adelantan. Es tan simultáneo este comportamiento entre ambos pájaros, que cuesta saber si hay una que tome la iniciativa.

La tensión se acentúa ante cualquier elemento externo. Un cuervo volando a 100 metros y graznando, o una golondrina rasa sobre sus cabezas, es suficiente para que reclamen, e incluso para que en un par de ocasiones, una se abalance sobre la otra y tengan violentas luchas en las que acaban enganchadas por sus picos y zambulléndose en la superficie del agua para automáticamente rebotar, y seguir la pelea en cernido activo a 40 cm sobre la superficie del río. Esto se ha desarrollado con distintas variantes durante media hora, hasta que un tercer ave ha aparecido, y estas dos han salido detrás de él (o ella) río abajo.
No ha sido una tarde excesivamente productiva a nivel fotográfico, porque la distancia y la luz no eran las más adecuadas. Sin embargo, como naturalista, ha sido inolvidable. Etología en estado puro y en directo, mamada del campo, como nos gusta.
Marcos, hoy me acordé de tí a cada segundo que pasaba. Era una de esas tardes en la que gente como tú y como yo habríamos disfrutado juntos. Una tarde épica como alguna otra que hemos podido pasar juntos en el monte estudiando aquellos pitos negros que tanto te gustaba tener localizados, de fiesta juntando gaitas de distintas razas, o de concierto viendo a Rosendo, que casualmente hoy, anuncia su jubilación.
En octubre cuando nos vimos en la feria de Noja y me manifestaste tu deseo de pasar por aquí para conocer la Sierra de San Pedro ya te dije que tenías sitio. Tenías, y tienes. Porque tu recuerdo permanecerá con gratitud en nuestras mentes mucho más allá de tu repentino final. Será inevitable acordarme de tí con cada tamborileo de pico menor esta privamera. Acordarme de esa melena rizada, de esa sonrisa, y de esa camisa de Barricada, otro punto en común que reforzaba nuestra afinidad. Y en contra de lo que suele ser habitual, yo no te despido. Porque puede que no nos volvamos a ver, pero tú nunca dejarás de estar.

sábado, 13 de enero de 2018

Rememorando

Esas tardes invernales en las que aparecen en tus recuerdos momentazos que quedaron ahí, por lo acontecido, y no por la calidad de la fotografía que conseguiste hacer.
Era una tarde invernal, como la de hoy pero sin lluvia. Un joven águila real volaba sobre el corredor dibujado en el mapa por el gran río. Y en su trayecto, penetró en un territorio hostil para seres alados sobre manera en estas fechas. El proyectil viviente, como le bautizaba aquel doctor, cae sobre ella, obligándola a darse la vuelta en el aire, manera de protegerse con sus garras del peligroso y vertiginoso ataque.
Aquí está la imagen, para que recreéis vuestra imaginación.



viernes, 29 de diciembre de 2017

Sin perder la perspectiva

Estamos en una fechas en las que se nos pone más fácil que nunca olvidar los problemas que pueden justificar preocupación. Y por las calles envueltas en villancicos, postales navideñas y escaparates invernales adornados por vivos colores, a mí se me viene a la cabeza esta estampa indubablemente mucho más estival.
Y es que el invierno va a ser invierno, pero el verano no sabemos si va a ser. Hemos pasado apuros en gran parte de los campos ibéricos, y la situación ha entrado en estado de latencia a mediados de otoño con las primeras lluvias. Es obvio que en los primeros meses no va a haber problemas hidrológicos. Sin embargo, depende de lo que haga  en el próximo medio año, llegaremos a septiembre en un estado de alarma u otro. Es recomendable pese a que veamos nubes sobre nuestras cabezas que no perdamos la perspectiva de la situación, y que gestionemos nuestros recursos y sobre todo tomemos decisiones que condicionen nuestro futuro, y hablo como parte de la sociedad, teniendo presente el problema, que de momento está latente, pero no desaparecido.

domingo, 17 de diciembre de 2017

Presentes nostálgicos

Dentro de los momentos que vivimos, hay algunos que sin querer, hacen trabajar a nuestra memoria.
Hoy una foto, me hizo recordar esos maravillosos años que tuve oportunidad de vivir en los Pirineos. Llegué allá con 25 años, y me fui con 28. ¡Cuántas buenas vivencias! De las etapas que he vivido y vaya a vivir, sin duda aquella es una de las que recordaré con más cariño. No sólo por esas magníficas laderas con las que aprendí cosas nuevas como naturalista, si no también, por toda la gente que me hizo crecer como persona. Recuerdos en una tarde invernal, que envuelven de nostalgia a uno.
Pongo una foto que saqué por aquellos lares, y mando un abrazo a todas esas gentes con quien compartí mi etapa pirenaica.