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viernes, 1 de febrero de 2019

Bocanadas de Norte

Coger el viejo Ford y navegar contra viento y nube para subir a Cantabria, es la mejor manera de respirar al Norte. Y así fue esta última vez, en la que una borrasca con nombre propio, azotó la región cántabra de tal manera, que los ríos no cabían en su recipiente habitual, circulando por donde otras veces circulan personas, animales terrestres o coches. El río subía, y la montaña bajaba. Muchas carreteras cortadas tapadas por laderas que caían sobre las mismas. La naturaleza en su máxima expresión de enfado por algo que alguien habrá hecho últimamente.
Por otra parte pero en paralelo, la fauna alada, que como cada invierno vino desde el norte del continente euroasiático, recaló en buena parte en las costas cantábricas. Y ahí estaba, posando para quien quiera, ese precioso colimbo ártico. Un ejemplar nacido el año pasado, que luce su plumaje en la Bahía de Santander. Este ave marina, cría en bajo número en Escocia, y sobre todo, en Laponia, Rusia y Kazajistán (a grandes rasgos). Las costas ibéricas recogen, en muy bajos números, aves que pasan normalmente pocas semanas en invierno (normalmente a principios del mismo).
Tomar un respiro en mi querido Norte, es siempre reconfortante. Y si aparte de estar bien acompañado coinciden estampas como esta, imposible más norteñas, la guinda está servida.
Pinchando, veréis a mayor resolución.

jueves, 2 de agosto de 2018

La calandria

Hay animales con los que siempre he guardado mucho contacto o apego, y otros que han pasado más desapercibidos por mi vida. Quizás sea esto último debido a mis orígenes cantábricos, que limita a una serie de especies a haber entrado en mi vida ya entrado en edad.
Desconozco si me ha ocurrido a mi sólo, pero mientras pasar a la región mediterránea a mí me motivaba sobre todo por especies comunes (pero muy llamativas) como abejarucos o abubillas, difíciles de ver en mis infantiles salidas por Cantabria, nunca me llamaron tanto la atención grupos de aves como los aláudidos. Por circunstancias del destino, etapas aragonesas o también la manchega, me acercaron más a este tipo de aves, bastante desconocidas para mí.



El otro día, una discreta pero no por ello poco bonita calandria común melanocorypha calandra posó a la vera mía en zonas esteparias de la cuenca del Tajo, más concretamente en la provincia de Cáceres. Una foto testimonial sirva para ilustrar la estampa de esta gregaria ave, adornada con su siempre presente collar.

domingo, 24 de junio de 2018

Nunca cesó

¡Qué suerte tuve! 9 años tenía cuándo cada fin de semana, volvía a las montañas que se ven en la fotografía: Gormeján. De ahí el nombre del blog.
Un paisanucu que no asomaba mucho por encima de helechales y escajeras. Unos viejos anteojos rusos que colgaban por debajo del ombligo, un pantalón de camuflaje, unas botas de goma, una vara de avellano, una curiosa navaja con tenedor que no recuerdo bien de dónde salió, y siempre a mi lado, un aguerrido y lanudo perro tan impresionantemente veloz como viciado con los corzos, y cuyo nombre era cómo el: Bravo. Era bajar del coche, y encararnos ambos ladera arriba recorriendo aquellas bíercoles en busca de los entonces abundantes corzos.
Hoy han pasado casi 30 años en los que el corzo ha pasado a ser bastante más escaso. Por contra, el ciervo, entonces inexistente, ocupa ahora todas las laderas. El lobo, que era esporádico, tiene ahora presencia continuada, y el oso pardo, que tenía su límite de distribución a unos 15 km, pisa ya de manera esporádica la zona en su conocida y afortunada fase de recuperación.
Y esta fue mi verdadera escuela. Mi verdadera motivación. Sábados y domingos disfrutando y lunes a viernes esperando. Así fue mi niñez, y quien me conoció lo recordará. Y nos dieron los 10 y los 11...los 12...y vamos ya para los cuarenta. Y aquella sed de monte que se apoderó de aquel Bichucu, ya nunca cesó.

miércoles, 7 de marzo de 2018

Homenaje

Son las 4 de la tarde y me meto en mi aguardo ribereño. Lo único que veo es una buena llena (así se llama en Cantabria al río que baja crecido). Había mucha sequía en Extremadura, y hacía falta esto ya (esto y más). Son días tristes, pero el campo me levanta el ánimo como siempre lo ha hecho.
Un galápago merodea la superficie contento de tener por fin una gran piscina, y una lavandera blanca agita su cola de arriba abajo. Quiero imaginar que los perros mueven el rabo de izquierda a derecha, y que las lavanderas lo hacen así. Está contenta pues. La primavera viaja en vuelo regular, y aparentemente no llevará retraso. Las últimas lluvias nos dicen que está a punto, y que en cuanto paren y temple, aterriza en la Sierra de San Pedro como mandan los cánones. Los pájaros lo saben, y cogen ya sus posiciones. Una tarabilla canta en esa rama prominente, la pareja de lavanderas inspeccionan la ribera donde criar, cinco vencejos llegan hoy, y de repente, un pitido agudo se aproxima a mi posición. Es la hembra de martín pescador con la que trabajé ya el año pasado. Fiel a su posadero, me da un nuevo espectáculo pescando dos pececillos en aguas turbias en las que de verdad, parece imposible ejecutar tal acción. Es sobrecogedor poder disfrutar estas escenas de documental a escasa distancia. Sin embargo, en esta vida, siempre hay algo que puede hacer pequeña cualquier situación anterior. Otro pitido llega de la misma zona, y "mi" hembra sale despavorida a su encuentro. se trata de otra hembra de martín pescador. Se posan una de la otra separadas por 20 cm de distancia en una rama bajita . Actitud desafiante. Se posan no enfrentadas si no de lado, con la cola extendida, el cuerpo erguido, el pico entreabierto, y dejando respirar mucha tensión en el ambiente. Periódicamente, ambas a la vez, como si un espejo estuviera actuando, agachan la cabeza y la vuelven a subir despacio a la vez que la adelantan. Es tan simultáneo este comportamiento entre ambos pájaros, que cuesta saber si hay una que tome la iniciativa.

La tensión se acentúa ante cualquier elemento externo. Un cuervo volando a 100 metros y graznando, o una golondrina rasa sobre sus cabezas, es suficiente para que reclamen, e incluso para que en un par de ocasiones, una se abalance sobre la otra y tengan violentas luchas en las que acaban enganchadas por sus picos y zambulléndose en la superficie del agua para automáticamente rebotar, y seguir la pelea en cernido activo a 40 cm sobre la superficie del río. Esto se ha desarrollado con distintas variantes durante media hora, hasta que un tercer ave ha aparecido, y estas dos han salido detrás de él (o ella) río abajo.
No ha sido una tarde excesivamente productiva a nivel fotográfico, porque la distancia y la luz no eran las más adecuadas. Sin embargo, como naturalista, ha sido inolvidable. Etología en estado puro y en directo, mamada del campo, como nos gusta.
Marcos, hoy me acordé de tí a cada segundo que pasaba. Era una de esas tardes en la que gente como tú y como yo habríamos disfrutado juntos. Una tarde épica como alguna otra que hemos podido pasar juntos en el monte estudiando aquellos pitos negros que tanto te gustaba tener localizados, de fiesta juntando gaitas de distintas razas, o de concierto viendo a Rosendo, que casualmente hoy, anuncia su jubilación.
En octubre cuando nos vimos en la feria de Noja y me manifestaste tu deseo de pasar por aquí para conocer la Sierra de San Pedro ya te dije que tenías sitio. Tenías, y tienes. Porque tu recuerdo permanecerá con gratitud en nuestras mentes mucho más allá de tu repentino final. Será inevitable acordarme de tí con cada tamborileo de pico menor esta privamera. Acordarme de esa melena rizada, de esa sonrisa, y de esa camisa de Barricada, otro punto en común que reforzaba nuestra afinidad. Y en contra de lo que suele ser habitual, yo no te despido. Porque puede que no nos volvamos a ver, pero tú nunca dejarás de estar.