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martes, 5 de febrero de 2013

Reencuentros por Gallocanta

Una de mis últimas visitas peninsulares ha sido por la Laguna de Gallocanta. La mayor laguna endorreica de España, y un muy importante sitio para la migración de la grulla a nivel europeo. Pero para mí, no sólo eso, sino además, un punto de reencuentro con amigos turolenses y zaragozanos, que siempre me han mostrado su hospitalidad, y que años después, pese a mis distanzamientos, lo siguen haciendo.
13.000 grullas estaban en ese momento utilizando la laguna como zona de descanso nocturno. Por el día, ellas se desplazan unos cuántos kilómetros en la búsqueda de alimento, pero al amanecer, cuándo salen de la laguna, y al anochecer, cuándo vuelven, se produce un espectáculo sin igual, en el que los rojos cielos de Gallocanta, se infestan de miles de pequeños puntos, que crecen a la par del volumen. Trompeteos celestiales, que por unos segundos, anulan la sensación del siempre presente frío en este, uno de los rincones más fríos de la península Ibérica.
Jabalí en Gallocanta (Zaragoza)

Tuve la ocasión de conocer a parte del equipo de El Escarabajo Verde, programa esencial de RTVE. Vi cosas tan interesantes como esmerejón Falco columbarius, una especie bastante fácil de ver aquí, tarros blancos Tadorna tadorna, o las grullas Grus grus, pero lo que más me sorprendió en esta ocasión, fue la presencia diurna de un jabalí Sus scrofa atravesando la laguna. Es muy típico ver sus rastros sobre la salada y húmeda superficie, pero nunca hasta ahora, había conseguido ver al autor en directo. Os dejo con esa instantánea, que pese a lejana, me parece espectacular. Al fondo, el pueblo de Gallocanta, al que mando mis saludos.

jueves, 31 de enero de 2013

Ampelis europeo

Hoy, después de disfrutar al amanecer con la presencia de un pito negro en un hayedo del Nansa, fui a parar a las Marismas de Santoña. Allí estaba disfrutando de las deliciosas especies a los que nos tiene acostumbrados el estuario del Asón (2 águilas pescadoras, colimbo grande, alca, barnacla carinegra, etc), cuándo una llamada de un amigo me alerta de que río arriba, concretamente en el pueblo de Ramales de la Victoria, han visto hace un rato 3 ampelis europeos (Bombycilla garrulus). Al parecer, Cristina Cano, ya había visto 6 ejemplares el día 20 de este mismo mes.
Grupo de 5 ampelis en Ramales de la Victoria a mediados de invierno.

Junto a Marta Díez y Ángel Renedo, llegamos, y sin necesidad de luchar la observación, aparecieron 5 ejemplares en la copa de un plátano. Eso sí, fue una observación de un minuto, pues después volaron alto (alto me refiero simplemente a "sobre los tejados") hacia el SE. Estuvimos prospectando la zona hacia la que enfocaron su vuelo, y sólo dimos con un precioso picogordo.
Si alguien quiere verlos, el sitio es en el jardín cerrado (pero visible desde fuera) de la discoteca Palacio, en el centro del pueblo, y pegado a la carretera general.
Hace 2 semanas estaba 1000 km más al norte, dónde son más comunes buscándolos sin suerte. Ahora, al lado de casa...¡así son las aves!

lunes, 28 de enero de 2013

Vuelvepiedras

Arenaria interpres. Ese es el nombre científico de esta limícola tan singular.
A diferencia de otras aves limícolas, no está muy ligada a los limos, dónde otros introducen la longitud de su pico en busca de invertebrados que llevarse al buche. El vuelvepiedras, prefiere las zonas rocosas, dónde con el pico, que tiene forma de cuña, levanta algas, pero también, como su nombre indica, se atreve a voltear piedras en busca de alimento.
Está muy distribuido por los litorales de todos los grandes océanos. A esta orilla del Atlántico, cría en las costas de Dinamarca hacia el norte (costas lapónicas, Finlandia, etc.). Tras la época de cría, se desplaza hacia el sur, teniendo los cuarteles de invernada desde esas latitudes en las que cría, a lo largo de todas las costas atlánticas de Europa y de África hasta el mismo sur de este continente.
Ejemplar adulto con plumaje no estival a principios de invierno.

Hace 10 días, con unos amigos en la costa de los Países Bajos, pude gozar con la presencia de uno de estos pajarillos a escasos metros. Hacía menos de -5ºC a la orilla de la mar, con vientos de unos 30 kilómetros por hora, lo que provocaba sensaciones térmicas por debajo de los -20º C. Nosotros, en ese momento, estábamos refugiados en un coche, y él, indiferente a mi objetivo saliendo por la ventana, posaba así, con toda la pechera despeinada por culpa del viento, para todos nosotros.

jueves, 24 de enero de 2013

Países Bajos: 18 y 19 de enero


Continuando con las últimas andanzas por estos septentrionales y gélidos territorios, dejamos el día anteior la Isla de Texel para volver a tierra firme. El día siguiente por la mañana, amanecemos en el parque nacional de Oostvaardersplassen. Era una zona llana aledaña a Markermmer, un lago artificial en terreno ganado al mar, y que tiene unos 25 kilómetros de anchura. Dentro de este parque, nos encontramos con lagunas y canales (todas ellas heladas), carrizales, y manchas boscosas. Allí había ciervos. A lo lejos, con el telescopio, pude divisar un total de unos 400 ejemplares. Allí hay una gran colonia de cormorán grande Phalacrocorax carbo, y en la actualidad, una pareja de pigargo europeo Haliaeetus albicilla, que dicho sea de paso, no conseguimos ver, está al parecer arreglando ya su nido para la nueva temporada de cría. Volvemos a ver un azor Accipiter gentilis, y multitud de paseriformes forestales y palustres. Fue impactante cómo un ciervo luchaba contra una muerte segura intentando salir de una canal a la que había caído al romper la placa de hielo que la cubría. A pocos metros metros, otro ejemplar había corrido esa suerte anteriormente, y su cuerpo, flotaba congelado en un agujero ya cerrado por el hielo.

Macho adulto de serreta mediana.

A nuestra retirada del parque, recorrimos por su límite norte la carretera que le separa del lago mencionado, y a la vera de ella hacemos varias paradas. Pequeños bandos de serretas chicas Mergellus albellus suman más de 150 ejemplares en total. Vemos sobre una decena de serretas grandes Mergus merganser. Nos llamó la atención la cantidad de porrones moñudos Aythya fuligula que estaban allí sedimentados, casi todos ellos en un grupo que rondaría los 3.000 ejemplares. Localizamos entre ellos 3 malvasías canelas Oxyura jamaicensis, y por la zona pululan también algún porrón osculado Bucephala clangula.
De allí "volamos" hacia el parque de una ciudad dónde últimamente se ve un bandito de ampelis europeo Bombycilla garrulus. Corremos la misma suerte que nos acompañó en "el paseo del pigargo", así que con las orejas gachas volvemos a buscar un destino más al sur. Quedan pocas horas de luz y decidimos ir al parque nacional de Biesboch, cerca de la ciudad de Dordretch. Es una ribera llena de galachos, meandros, e islas fluviales, con un maduro bosque caducifolio. Allí vemos cisnes cantores Cygnus cygnus entre otras aves, pero lo que más nos llama la atención, es ver una madriguera de castor Castor fiber, que al parecer tienen aquí una población estable. Un montón de troncos tirados a la vera del río en una zona de aguas tranquilas, está cubierta de nieve, y bajo el montón de ramas y troncos, una familia de castores debe estar durmiendo. El agua, congelada, tiene un agugero por el que se puede entrar al agua, y por el agua a su guarida. Si no hubieran salido hace pocas horas, ese hueco en el hielo no existiría (esto nos lo contó un hombre tan amable como el resto de holandeses, y que se ve que estaba al tanto del tema).
Nos guarecemos en Roterdam. Al día siguiente dan 8 bajo cero para el amanecer. El mismo nos coge en un montículo costero del pueblo de Yerseke. Vientos superiores a los 30 km/h convierten las bajas temperaturas en sensaciones térmicas próximas a los -30º C. Un buen traje, un mejor gorro, y dos pares de guantes no son suficientes para aguantar horas quiero con el telescopio fuera del coche, así que hemos de hacer incursiones intermitentes al coche para entrar en calor. Vimos algún ciento de barnaclas carinegras, dos barnaclas cariblancas Branta leucopsis, porrones osculados, serretas medianas Mergus serrator, y como broche al viaje, un escribano lapón Calcarius lapponicus. De allí, volaríamos a la ciudad alemana dónde habíamos de coger el vuelo de vuelta.
Paisano holandés en un vehículo muy habitual, y en unas condiciones climatológicas también habituales en sus inviernos. Allí, los temporales no achican a las gentes, ni por la tarde, ni a las 7 de la madrugada como pudimos comprobar.

Esto ha sido en síntesis el pequeño viaje que he hecho junto a cuatro grandes compañeros. No me gustaría zanjar el tema del viaje sin antes recomendaros que estéis pendientes de las próximas entradas de los blogs de Ángel y de Alberto, dónde entiendo que nos deleitarán con su versión de los hechos.