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lunes, 4 de agosto de 2025

Las corzas del 89

No tenía 10 años cuando mi tío Migio me llevó a la portilla que unía dos prados, en Gormeján.

-Mira ahí- me dijo señalando al suelo- Qnoche  pasaron por aquí las corzas.

Unas huellas de pezuña acorazonada se grabarían en mi memoria ya por siempre. Fue alguna de las muchas cosas que me ha enseñado mi querido tío.

Entre semana en clase yo intentaba explicar con torpeza a mi amigo Alejandro cómo eran esas huellas, hasta que un día tuvimos una  imperfecta idea. Ésta pasaba porque Alejandro me trajera una paleta de las que utilizábamos en la playa para jugar con la arena, y con esa paleta yo sacaría del suelo aquella huella pegada al mundo para poder llevarla a clase y así explicar mejor lo que Migio me enseñó. Cosas de críos...Fue imposible sacarla., así que el finde semana acabó, y yo volví a bajar de las montañas, pero la huella se quedó allí con el mundo.

Los dibujos fueron nuestro consuelo  para transmitir toda esa información. Con el paso de los años, el mundo de la fotografía me facilitaría mucho esta tarea, e incluso  muchos años después, la escayola llegó a mi vida para poder robarle al suelo esas huellas y poderlas llevar a casa.

Han pasado 34 años y seguimos con el mismo rollo en la cabeza, pero  con algo más de experiencia.


La Universidad de Cantabria llamó el otro día ofreciéndonos compartir esta experiencia en el mundo del rastreo.

Y de esa manera, Alejandro y yo tenemos el placer de invitaros mañana 5 de agosto en un acto didáctico y esperamos que entretenido en relación a esta temática.

Será en la villa de Potes a las 16:00 h.

https://www.europapress.es/cantabria/noticia-taller-aprender-huellas-rastros-animales-cerrara-martes-cursos-verano-uc-potes-20250802190258.html?fbclid=IwQ0xDSwL9qApjbGNrAv2n6GV4dG4DYWVtAjExAAEebINY2XZjPW3Vy5_RdR2aUnvLj-9OzRh6m_PGyA_renp3GyvaRvn-f31y1VA_aem_dVbQDvc4acnGu8Lixs0NVA#i3edzcqjgnrhs6wutuv9hhzrmediqvqvc

miércoles, 13 de febrero de 2019

Zampullín cuellinegro

Esta pequeña ave acuática (Podiceps nigricollis) cría en diversos puntos de la península, destacando los humedales de la cuenca hidrográfica del Guadalquivir, y las lagunas manchegas. Su población no es nada regular, fluctuando mucho en función de los distintos niveles de las lagunas de interior donde intenta sacar adelante a sus polluelos. No obstante, por dar un número orientativo basado en las últimas publicaciones, puede rondar en torno a las 1000 parejas en la geografía española.
En invierno, hay un aporte de ejemplares europeos. Existen recuperaciones de bichos anillados en el Guadalquivir y recuperados en Rusia y en Ucrania. La distribución en la península en la época fría se acerca más a la costa, rondando los 5000 ejemplares, que se centran sobre todo en orillas atlánticas andaluzas, y en la provincia de Alicante.

No obstante, también por el resto del litoral ibérico se puede encontrar en menor número, y por lo tanto en humedales cantábricos como las Marismas de Santoña, donde cada invierno lo pasan varias decenas de ejemplares. Muy fotografiado por compañeros de afición en época estival en tierras interiores, con un traje de luces bien distinto, pero quizás no tanto en su época invernal, vestido de manera mucho más discreta. Yo, comparto esta foto que hice hace ahora 5 años desde el barco de Aves Cantábricas www.avescantabricas.com en sus salidas por dicho estuario. Si alguien está interesado en salir a disfrutar de la avifauna que allí inverna, ¡aún están activos!

sábado, 9 de febrero de 2019

Inviernos cantábricos: sus montañas

Pero si la mar, en la que nos centrábamos en los últimos posts, es impresionante en los inviernos cantábricos. No menos lo son las escarpadas cumbres de la Cordillera Cantábrica. Vendavales, nevadas, heladas, riadas, muertes por inanición, carroñas, son algunos de los personajes de dicha estación en semejante escenario. Hace ahora 4 años de aquella gran nevadona que nos dejó a todos atónitos (incluidos los viejos que habían vivido tantos años diciendo eso de "antes si que nevaba y no ahora"). Esta foto, se hizo un día más de aquellos en los que vivía en ellas. Lo más salvaje de la Cordillera está en esta foto, pero escondido.


sábado, 2 de febrero de 2019

¡Una sueca en Santander!

Una ventana en los temporales que azotan la costa cantábrica, me permiten dar un paseo por las playas de la ciudad de Santander. Mi vista es atraída, como ya ha ocurrido en anteriores ocasiones en dicho lugar, por unas pequeñas aves que se aventuran a pasear entre la gente. Pese a no ser la primera vez, me embarga la sorpresa por semejante escena. Pequeñas limícolas que nacen en las costas laponas, y que pasan el invierno en litorales rocosos más meridionales. Son vuelvepiedras (Arenaria interpres). Mi atención se va a una pata en concreto...¡una anilla!

Una de las aves, está anillada, lo cual quiere decir que un ornitólogo la capturó en su día para ponerla una anilla codificada. Observadores como han hecho ya anteriormente compañeros de Cantabria o como hice yo el otro día, leerán eso dígitos, tramitarán la información con los investigadores, y gracias a ello, sabrán dónde pasan el invierno y por donde migran estas aves. Es una manera arcaica, pero efectiva, de informarnos sobre cómo y dónde viven nuestras aves. Hoy día, las nuevas tecnologías, nos aportan información mucho más fidedigna de lo que hacen las aves colocándolas aparatos como gps que transmiten la señal vía satélite, o con otros métodos parecidos.
Os adjunto un trozo de una de las fotografías. Aquí no sé ve toda la información, pero entre todas las fotos se podían ver todos los números y letras. He tramitado la información, aunque aún no me han respondido. No obstante, como este ave en concreto ya lo habían visto compañeros, podemos saber que fue anillado en una isla cercana Gotemburgo (Suecia). En la parte inferior de la anilla podéis ver parte del topónimo "Estocolmo" inscrito.

viernes, 1 de febrero de 2019

Bocanadas de Norte

Coger el viejo Ford y navegar contra viento y nube para subir a Cantabria, es la mejor manera de respirar al Norte. Y así fue esta última vez, en la que una borrasca con nombre propio, azotó la región cántabra de tal manera, que los ríos no cabían en su recipiente habitual, circulando por donde otras veces circulan personas, animales terrestres o coches. El río subía, y la montaña bajaba. Muchas carreteras cortadas tapadas por laderas que caían sobre las mismas. La naturaleza en su máxima expresión de enfado por algo que alguien habrá hecho últimamente.
Por otra parte pero en paralelo, la fauna alada, que como cada invierno vino desde el norte del continente euroasiático, recaló en buena parte en las costas cantábricas. Y ahí estaba, posando para quien quiera, ese precioso colimbo ártico. Un ejemplar nacido el año pasado, que luce su plumaje en la Bahía de Santander. Este ave marina, cría en bajo número en Escocia, y sobre todo, en Laponia, Rusia y Kazajistán (a grandes rasgos). Las costas ibéricas recogen, en muy bajos números, aves que pasan normalmente pocas semanas en invierno (normalmente a principios del mismo).
Tomar un respiro en mi querido Norte, es siempre reconfortante. Y si aparte de estar bien acompañado coinciden estampas como esta, imposible más norteñas, la guinda está servida.
Pinchando, veréis a mayor resolución.

jueves, 2 de agosto de 2018

La calandria

Hay animales con los que siempre he guardado mucho contacto o apego, y otros que han pasado más desapercibidos por mi vida. Quizás sea esto último debido a mis orígenes cantábricos, que limita a una serie de especies a haber entrado en mi vida ya entrado en edad.
Desconozco si me ha ocurrido a mi sólo, pero mientras pasar a la región mediterránea a mí me motivaba sobre todo por especies comunes (pero muy llamativas) como abejarucos o abubillas, difíciles de ver en mis infantiles salidas por Cantabria, nunca me llamaron tanto la atención grupos de aves como los aláudidos. Por circunstancias del destino, etapas aragonesas o también la manchega, me acercaron más a este tipo de aves, bastante desconocidas para mí.



El otro día, una discreta pero no por ello poco bonita calandria común melanocorypha calandra posó a la vera mía en zonas esteparias de la cuenca del Tajo, más concretamente en la provincia de Cáceres. Una foto testimonial sirva para ilustrar la estampa de esta gregaria ave, adornada con su siempre presente collar.

domingo, 24 de junio de 2018

Nunca cesó

¡Qué suerte tuve! 9 años tenía cuándo cada fin de semana, volvía a las montañas que se ven en la fotografía: Gormeján. De ahí el nombre del blog.
Un paisanucu que no asomaba mucho por encima de helechales y escajeras. Unos viejos anteojos rusos que colgaban por debajo del ombligo, un pantalón de camuflaje, unas botas de goma, una vara de avellano, una curiosa navaja con tenedor que no recuerdo bien de dónde salió, y siempre a mi lado, un aguerrido y lanudo perro tan impresionantemente veloz como viciado con los corzos, y cuyo nombre era cómo el: Bravo. Era bajar del coche, y encararnos ambos ladera arriba recorriendo aquellas bíercoles en busca de los entonces abundantes corzos.
Hoy han pasado casi 30 años en los que el corzo ha pasado a ser bastante más escaso. Por contra, el ciervo, entonces inexistente, ocupa ahora todas las laderas. El lobo, que era esporádico, tiene ahora presencia continuada, y el oso pardo, que tenía su límite de distribución a unos 15 km, pisa ya de manera esporádica la zona en su conocida y afortunada fase de recuperación.
Y esta fue mi verdadera escuela. Mi verdadera motivación. Sábados y domingos disfrutando y lunes a viernes esperando. Así fue mi niñez, y quien me conoció lo recordará. Y nos dieron los 10 y los 11...los 12...y vamos ya para los cuarenta. Y aquella sed de monte que se apoderó de aquel Bichucu, ya nunca cesó.

miércoles, 7 de marzo de 2018

Homenaje

Son las 4 de la tarde y me meto en mi aguardo ribereño. Lo único que veo es una buena llena (así se llama en Cantabria al río que baja crecido). Había mucha sequía en Extremadura, y hacía falta esto ya (esto y más). Son días tristes, pero el campo me levanta el ánimo como siempre lo ha hecho.
Un galápago merodea la superficie contento de tener por fin una gran piscina, y una lavandera blanca agita su cola de arriba abajo. Quiero imaginar que los perros mueven el rabo de izquierda a derecha, y que las lavanderas lo hacen así. Está contenta pues. La primavera viaja en vuelo regular, y aparentemente no llevará retraso. Las últimas lluvias nos dicen que está a punto, y que en cuanto paren y temple, aterriza en la Sierra de San Pedro como mandan los cánones. Los pájaros lo saben, y cogen ya sus posiciones. Una tarabilla canta en esa rama prominente, la pareja de lavanderas inspeccionan la ribera donde criar, cinco vencejos llegan hoy, y de repente, un pitido agudo se aproxima a mi posición. Es la hembra de martín pescador con la que trabajé ya el año pasado. Fiel a su posadero, me da un nuevo espectáculo pescando dos pececillos en aguas turbias en las que de verdad, parece imposible ejecutar tal acción. Es sobrecogedor poder disfrutar estas escenas de documental a escasa distancia. Sin embargo, en esta vida, siempre hay algo que puede hacer pequeña cualquier situación anterior. Otro pitido llega de la misma zona, y "mi" hembra sale despavorida a su encuentro. se trata de otra hembra de martín pescador. Se posan una de la otra separadas por 20 cm de distancia en una rama bajita . Actitud desafiante. Se posan no enfrentadas si no de lado, con la cola extendida, el cuerpo erguido, el pico entreabierto, y dejando respirar mucha tensión en el ambiente. Periódicamente, ambas a la vez, como si un espejo estuviera actuando, agachan la cabeza y la vuelven a subir despacio a la vez que la adelantan. Es tan simultáneo este comportamiento entre ambos pájaros, que cuesta saber si hay una que tome la iniciativa.

La tensión se acentúa ante cualquier elemento externo. Un cuervo volando a 100 metros y graznando, o una golondrina rasa sobre sus cabezas, es suficiente para que reclamen, e incluso para que en un par de ocasiones, una se abalance sobre la otra y tengan violentas luchas en las que acaban enganchadas por sus picos y zambulléndose en la superficie del agua para automáticamente rebotar, y seguir la pelea en cernido activo a 40 cm sobre la superficie del río. Esto se ha desarrollado con distintas variantes durante media hora, hasta que un tercer ave ha aparecido, y estas dos han salido detrás de él (o ella) río abajo.
No ha sido una tarde excesivamente productiva a nivel fotográfico, porque la distancia y la luz no eran las más adecuadas. Sin embargo, como naturalista, ha sido inolvidable. Etología en estado puro y en directo, mamada del campo, como nos gusta.
Marcos, hoy me acordé de tí a cada segundo que pasaba. Era una de esas tardes en la que gente como tú y como yo habríamos disfrutado juntos. Una tarde épica como alguna otra que hemos podido pasar juntos en el monte estudiando aquellos pitos negros que tanto te gustaba tener localizados, de fiesta juntando gaitas de distintas razas, o de concierto viendo a Rosendo, que casualmente hoy, anuncia su jubilación.
En octubre cuando nos vimos en la feria de Noja y me manifestaste tu deseo de pasar por aquí para conocer la Sierra de San Pedro ya te dije que tenías sitio. Tenías, y tienes. Porque tu recuerdo permanecerá con gratitud en nuestras mentes mucho más allá de tu repentino final. Será inevitable acordarme de tí con cada tamborileo de pico menor esta privamera. Acordarme de esa melena rizada, de esa sonrisa, y de esa camisa de Barricada, otro punto en común que reforzaba nuestra afinidad. Y en contra de lo que suele ser habitual, yo no te despido. Porque puede que no nos volvamos a ver, pero tú nunca dejarás de estar.

sábado, 13 de enero de 2018

Rememorando

Esas tardes invernales en las que aparecen en tus recuerdos momentazos que quedaron ahí, por lo acontecido, y no por la calidad de la fotografía que conseguiste hacer.
Era una tarde invernal, como la de hoy pero sin lluvia. Un joven águila real volaba sobre el corredor dibujado en el mapa por el gran río. Y en su trayecto, penetró en un territorio hostil para seres alados sobre manera en estas fechas. El proyectil viviente, como le bautizaba aquel doctor, cae sobre ella, obligándola a darse la vuelta en el aire, manera de protegerse con sus garras del peligroso y vertiginoso ataque.
Aquí está la imagen, para que recreéis vuestra imaginación.



viernes, 29 de diciembre de 2017

Sin perder la perspectiva

Estamos en una fechas en las que se nos pone más fácil que nunca olvidar los problemas que pueden justificar preocupación. Y por las calles envueltas en villancicos, postales navideñas y escaparates invernales adornados por vivos colores, a mí se me viene a la cabeza esta estampa indubablemente mucho más estival.
Y es que el invierno va a ser invierno, pero el verano no sabemos si va a ser. Hemos pasado apuros en gran parte de los campos ibéricos, y la situación ha entrado en estado de latencia a mediados de otoño con las primeras lluvias. Es obvio que en los primeros meses no va a haber problemas hidrológicos. Sin embargo, depende de lo que haga  en el próximo medio año, llegaremos a septiembre en un estado de alarma u otro. Es recomendable pese a que veamos nubes sobre nuestras cabezas que no perdamos la perspectiva de la situación, y que gestionemos nuestros recursos y sobre todo tomemos decisiones que condicionen nuestro futuro, y hablo como parte de la sociedad, teniendo presente el problema, que de momento está latente, pero no desaparecido.

domingo, 17 de diciembre de 2017

Presentes nostálgicos

Dentro de los momentos que vivimos, hay algunos que sin querer, hacen trabajar a nuestra memoria.
Hoy una foto, me hizo recordar esos maravillosos años que tuve oportunidad de vivir en los Pirineos. Llegué allá con 25 años, y me fui con 28. ¡Cuántas buenas vivencias! De las etapas que he vivido y vaya a vivir, sin duda aquella es una de las que recordaré con más cariño. No sólo por esas magníficas laderas con las que aprendí cosas nuevas como naturalista, si no también, por toda la gente que me hizo crecer como persona. Recuerdos en una tarde invernal, que envuelven de nostalgia a uno.
Pongo una foto que saqué por aquellos lares, y mando un abrazo a todas esas gentes con quien compartí mi etapa pirenaica.

miércoles, 29 de noviembre de 2017

Pequeños momentos de gloria

Hay cosas en la vida de un naturalista que valen todos los sacrificios. Hay momentos que por sí solos valen todos los madrugones del año, y hay pequeñas cosas que justifican levantarse animado cada día.
Es raro el día en el campo que en mayor o menor medida, no hay unos segundos de gloria. Un día es un águila atacando, otro día es un tren de meloncillos que se te cruzan, al siguiente es una huella difícil de ver con buena definición, otro día el búho que te despierta cantando a 50 m de la cama, y ayer, por ejemplo, fue este desperece de la abubilla. No es algo que vaya a recordar el resto de mi vida, pero para alegrar el día vale. Y uno, más otro, más el siguiente, hacen semanas geniales que van formando años, lustros, y que supongo que finalmente, le dan sentido a nuestra manera de vivir.
Y lo emocionante que es en el campo no saber si esa alegría te la vas a llevar dentro de 5 segundos tras esa curva, esa loma, o simplemente saltando de tus pies. Es esta sensación, la que hace que desde que abrimos el ojo en la cama, hasta que lo cerramos, vivamos en una constante emoción.


lunes, 11 de septiembre de 2017

A las puertas del tardíu

Estamos en la recta final del verano. Esto es, para alguien del norte sito en latitudes extremeñas, motivo de celebración. Atrás quedan las amenazas de las previsiones que rondan los 40, y es tiempo en que rondan a lo sumo los 35, pero con una temperatura nocturna que permite que refresquen los tabiques de las viviendas, y hagan de estas edificaciones un sitio en el que poder descansar.
La fauna parece reconfortarse también, y son los ciervos los protagonistas principales de la dehesa en las semanas que nos ocupan.
Atardece, cae el sol, y sobre las copas de los alcornoques unos rayos de luz se filtran. Justo bajo estos, un buen bicho recorta su silueta en ese mágico y mediterráneo ambiente. Disparo con mi indoloro fusil, y me traigo para casa esta pieza, para compartirla con vosotros.



miércoles, 6 de septiembre de 2017

Mirando las musarañas

Todo el día en el campo...y a la hora de recogerse, estar hasta la 1 mirando las musarañas...
Otra vez la una, y otra vez a las cinco...Foto del día (Musaraña gris Crocidura russula):

martes, 29 de agosto de 2017

Falsas impresiones...

Pudiera pensar quien no me conozca, y con razón, que apenas salgo ya al campo. Que voy perdiendo afición. Que me dedico a otros menesteres. Pudiera pensar cualquiera que "El Bichu" ya no bichea; que pierde esencia; que no rastrea cada mañana esos polvorientos caminos. Pudiera parecer que cambió el cielo estrellado por la tele de plasma; el campo por la ciudad; o esperas y escuchas por ocios sociales.
Pudiera parecer incluso que la Tierra se aplanó, pero no. La Tierra sigue siendo redonda, y sigue girando como antes lo hacía.
La justificación de que la frecuencia de escritos en este espacio haya disminuido tanto, es que tanto campo, no quedan minutos para escribir cuatro frases. Falsas impresiones pues...
Hace poco un naturalista me dijo que soy "mu apretao" (al parecer así dirían en Jaén). Al parecer, algo que yo tengo normalizado (estar días y días seguidos en la sierra para salir un rato cada varios días) debe ser comportamiento o afición exagerada en esta sociedad. ¿Cómo no aficionarse a no essalir del campo? ¿Acaso hay motivo para ello? O quizás lo raro sea aficionarse hasta el punto de hacerlo un modo de vida. (¿?).

El caso es que decidí desconectar cuatro días, y acabé saliendo de la sierra para ir al Estrecho de Gibraltar a disfrutar de su esencia. No sólo me chupé parte de las miles de aves que pasaron por allí, si no que disfruté de sus constantes vientos, de sus atardeceres, ¡de sus cielos estrellados!, de sus gentes que antaño veía cada verano, etc. Cuántas sensaciones revividas...¡y qué bien!
Fueron cuatro días de migración postnupcial llenos de recuerdos presentes. Muchas observaciones interesantes, muchas enseñanzas del campo y de los expertos que tan bien lo saben interpretar, muchos amigos. Me traigo como recuerdo una observación junto a varios de ellos en El Algarrobo un día a media tarde. Es un segundo año calendario de Halcón de Eleonora Falco eleonorae. Ave esta que he observado en muy pocas ocasiones dada su distribución. Gracias al yankie de siempre por ayudarme con la datación.

miércoles, 28 de junio de 2017

Momentos mágicos

Es increíble la cara que se le queda a uno cuando revisando cientos de fotos de las cámaras de fototrampeo, aparece en una misma imagen un milano negro, y de frente a la cámara, un alcaudón común con el pico abierto, aparentemente intentando coger un insecto...Vosotros mismos:


miércoles, 21 de junio de 2017

Lo que el ojo no ve

Cuando de zagal andaba por los montes cantábricos en busca de fauna silvestre, encontrar un corzo y poder observar como se comportaba era todo un logro. También lo era ver un zorro cazando en un prado. Por aquel entonces, unos acertados prismáticos de la Unión Soviética 8x30 eran mi herramienta. Años después, llegaría un coche, ¡gran avance!, y casi seguido, un telescopio Optolyth. Esto último, ya era "lo más". Pasaron pocos años, allá por el 2006 creo, y llegaron a mis manos unos artilugios "delahos". ¡Las cámaras de fototrampeo! Un aparato que si lo dejabas 1 mes en un camino, te decía todo lo que había pasado por allí en ese mes. A día de hoy puede ser difícil de entender esa sensación, pero por aquel entonces, se dio un gran avance, por lo menos yo lo hice a nivel personal, sobre el conocimiento de la fauna que rondaba por un lugar u otro. No fueron las primeras ni mucho menos. Avezados naturalistas, acabando el siglo XX, adaptaban compactas de carrete con planchas de contacto eléctrico a modo de interruptor, de tal manera que cuando el bicho la pisaba, la cámara registraba una foto en el carrete. Ni que decir tiene, que para la gente que utilizaba ese sistema, esto último también supuso un gran avance.
Pocos años después, existen multitud de modelos de estas cámaras, mucha gente que las tiene porque las ha comprado, mucha gente que las tiene "porque se las ha encontrado", leyes que regulan su uso, e incluso sitios en internet donde la gente luce sus logros.
Ahora, con ayuda de esta herramienta, con las mismas horas de trabajo, obtienes mucho más conocimiento sobre lo que pasa en un determinado lugar. Antaño, sólo la observación directa o sobre todo el estudio de las huellas y señales hacía el saber. Fue bonito vivir aquella etapa, porque en ella aprendí mucho, pero celebro vivir esta también.
Y titulo al post "lo que el ojo no ve" por razones obvias...Ya no se ve casi todo en directo como antes, ahora casi todo es en diferido. Esto le quita al tema parte de la emoción, pero no toda. Los que compartan mi actividad, saben bien de lo que hablo.
Y viendo las fotos te das cuenta de lo que podrías haber visto, haber vivido, las fotos que pudiste haber sacado, etc.
Os dejo una que me gusta mucho del inicio de una reciente carroñada en la Sierra de San Pedro (Extremadura).

martes, 6 de junio de 2017

Proceso de una carroñada

En la naturaleza, todo parece pensado por la mejor de las cabezas, y el ciclo se cumple una y otra vez. Los vegetales "exprimen" el suelo para convertir la tierra en vida, las ovejas se comen estas hierbas, y cuando se mueren, los buitres se las zampan en un cuarto de hora, y las transforman en excrementos que vuelven al suelo aportando nutrientes al terreno para continuar el ciclo. Esto sería una explicación muy burda en la que por supuesto, faltan mil procesos por contar que ahora no vienen al caso. Lo que quiero transmitir es que existen modos naturales que son perfectamente sostenibles, muy alejados de los que intensifican la producción. Ovejas que nacen y mueren en una granja y comen pienso hecho con a saber qué, u ovejas que nacen y mueren en el campo, pero que al morir muchas veces viene un camión para llevárselas a quemar a una incineradora...¿nos hemos vuelto locos? Gastamos dinero y recursos a lo tonto, y rompemos los ciclos naturales. El buitre ya no entra en ese proceso, que es lineal (que no cíclico) y por lo tanto insostenible.Por suerte aquí, en El Millarón, el curso de la naturaleza sigue muy parecido a como lo hacía ancestralmente. Cuando un animal muere, otros se lo comen para reconvertirlo.
A continuación, cuento con 5 únicas fotos el proceso por el que un cadáver se transforma rápidamente. Dedicado especialmente a los que nunca han tenido la posibilidad de presenciar una carroñada (experiencia muy recomendable).
1.- Comienza la carroñada cuando algún animal se atreve a entrar al cadáver. Es raro que lo hagan directamente los buitres. Puede ser un cuervo, o en este caso, un zorro (en la roca del fondo ya podéis ver el primer buitre).
 2.- Pasado un tiempo de seguridad (o cuarentena) en el que los buitres ven que la cosa no tiene trampa, los primeros buitres entran a comer. En este caso fue menos de una hora lo que tardaron, pero puede ser cuestión de varias horas, o incluso de días.


 3.- Tarden el tiempo que tarden en empezar, en el momento que el primero se atreve, el resto le sigue casi instantáneamente, comenzando así la fase más salvaje de la carroñada, en la que sólo se percibe ruido, polvo, y algo de mal humor...
 4.- Esa parte salvaje dura pocos minutos. En este caso menos de media hora. En ese tiempo, las carroñeras acaban con el 90% de la comida. Llegado ese punto, la pelota de aves se abre, y comienza a entrar con "codazos" si es necesario algún buitre negro, que se supone que entra a comer músculos y tendones que antes de abrir la oveja los leonados le costaría más trabajo el acceder a ellos. Fijaros en la foto, que tras 25 minutos comiendo, se ve poco más que los huesos ya...
 5.- Ahora empieza la parte de la carroñada calmada, en la que buitres sueltos trabajan los pequeños rincones de la oveja. Este proceso puede durar horas. Es curioso que puedan desaparecer 30 kilos de carne en 20 minutos, y luego puedan estar 4 horas para acabar con 5 kg restantes. En la foto ya sólo queda la piel y los huesos (que no se ven porque los han arrastrado ladera abajo). Si hubiese quebrantahuesos, el ciclo se extendería más allá.

jueves, 25 de mayo de 2017

¡Vendo mi cámara!

Pues eso, que como hace no tanto tiempo, los avances tecnológicos me empujan a dar un pequeño paso en la evolución de mi equipo fotográfico. Me resistía a darlo porque realmente estaba muy contento con esta cámara (NIKON D300s), que ha sido para mí lo más profesional que tuve hasta ahora, pero las ventajas que dan equipos más modernos me han animado a cambiar ya.
Así pues, el equipo que tantas satisfaciones me ha dado los dos últimos años, se va a poner en venta. Si algún conocido está interesado, que me lo haga saber antes de que la ponga en venta. Las fotos del collage de arriba son hechas con esta cámara.
Os pongo también una de las últimas fotos sacada con ella (de ayer). Con esta última quiero indicar que la cámara funciona a la perfección, y no la vendo porque funcione peor, si no porque he encontrado algo mejor.
La cámara va a ir con dos baterías, una tarjeta de 8 gb, y a un precio más que bajo para las prestaciones que da el aparato. En principio la idea es venderla sin ningún objetivo, pero si alguien necesita objetivo me ofrezco a ayudarle en la búsqueda.


Si queréis ver más fotos sacadas con esta cámara en los últimos meses, podéis hacerlo en el siguiente link:
https://www.flickr.com/gp/24647023@N07/tjf98K
Adjunto además link de crítica de este modelo en su presentación:
http://enfocando.es/2009/11/nikon-d300s-probando-una-buena-camara/

jueves, 11 de mayo de 2017

Una del norte

Desde que volví hace ya unos cuantos meses a latitudes más meridionales que las que me vieron crecer, apenas comparto retazos de mis años allí. Alguien me dijo hace poco: "¡ya no te acuerdas del norte!". No le llamé ignorante por no parecer soez. Por supuesto que me acuerdo de mis montañas del norte. A cada amanecer, a cada jornada, y a cada vez que me acuesto. Cada día, recuerdo mis peñas, mis brañas y mis vallejas.
No obstante, ahora estamos aquí, felices, y centrados en el monte mediterráneo, lo cual es todo un lujo.
No obstante allá va esta...¡una del norte!